Un problema global


El 25 de septiembre de 2015, con motivo de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Nueva York, 193 Estados miembro de las Naciones Unidas aprobaron el documento “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. El documento enuncia 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus metas específicas, que deben alcanzarse en los próximos 15 años. Los objetivos conjugan tres dimensiones fundamentales para el desarrollo sostenible: la económica, la social y la ambiental. A pesar de que los ODS no son jurídicamente obligatorios, se espera que los gobiernos los adopten como propios y establezcan marcos nacionales para su logro. Los países tienen la responsabilidad primordial del seguimiento y evaluación de los progresos conseguidos, para lo cual es necesario recopilar datos de calidad, accesibles y oportunos.

En el marco del ODS 12, Garantizar modelos de producción y consumo responsables y sostenibles, los países asumieron el compromiso de reducir a la mitad las pérdidas de alimentos en las etapas de producción agropecuaria y almacenamiento, y el desperdicio de alimentos durante la venta minorista y el consumo en los hogares.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), en el contexto internacional la región de América Latina y el Caribe está avanzando coordinadamente en el compromiso de reducir a la mitad las pérdidas y desperdicios de alimentos per cápita para 2025. El Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para 2025 es una prueba de ello, como también la conformación en 2014 de la Alianza Regional para la Prevención y Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos.

Los países que integran la alianza se comprometieron a impulsar la institucionalización del tema en las políticas públicas ya existentes a través de leyes, normas, reglamentos y programas públicos, y a colaborar entre ellos para que la región logre armonizar sus esfuerzos, identificar las necesidades y potenciar los avances logrados. Para ello, tienen una red de expertos de 13 países de la región que validaron la Estrategia Regional de Reducción de la Pérdida y Desperdicio de Alimentos, articulada a partir de comités nacionales integrados por actores públicos, privados y de la sociedad civil.

Para cumplir con el compromiso asumido, a través del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales de Presidencia de la Nación, la Argentina inició un trabajo de adaptación de los ODS y metas al contexto nacional. En el marco del ODS 12, en 2015 el Ministerio de Agroindustria de la Nación creó el Programa Nacional de Reducción de Pérdida y Desperdicio de Alimentos para coordinar, proponer e implementar políticas públicas, en consenso y con la participación de representantes del sector público y privado, la sociedad civil, los organismos internacionales, entre otros, que atiendan las causas y los efectos de la pérdida y el desperdicio de alimentos. A partir de ello, el mencionado Ministerio impulsó la creación de una red nacional para compartir experiencias y avanzar en la revisión de regulaciones, e invitó a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir al Programa.

Según la FAO, un sistema alimentario sostenible es aquel que “proporciona seguridad alimentaria y nutrición para todos de manera que no se pongan en peligro las bases económica, social y ambiental que generarán seguridad alimentaria y nutrición para las generaciones futuras”.