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Desperdicio de alimentos y su reuso industrial

Desperdicio de alimentos y su reuso industrial

Alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos para el consumo humano se pierden o desperdician desde el productor al consumidor. Esta gran ineficiencia tiene impactos económicos, sociales y ambientales. Las pérdidas económicas se estiman en $ 940 mil millones por año. En términos sociales, aumenta la inseguridad alimentaria y la desnutrición. En tercer lugar, la pérdida y desperdicio consume cerca de un cuarto del agua utilizada por la agricultura, requiere para su producción un área de tierra del tamaño de China, y es genera aproximadamente el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

En América Latina y el Caribe, anualmente se pierden y desperdician 127 millones de toneladas de comida, un 34% de todo lo producido ( estimado en 223 kg per cápita) y ocurren en todas las fases de la cadena: producción (28%), manejo y almacenamiento (21%), procesamiento (6%), distribución y mercadeo (17%) y consumo (28%). Algunas cadenas presentan niveles de PDA por encima del 30%: el 55% de las frutas y hortalizas, el 40% de las raíces y tubérculos y el 33% de los pescados y mariscos. En cada caso, el origen del desperdicio depende de cada cadena de valor agroalimentaria, ya sea por su complejidad, falta de coordinación, perfil de los actores, grado de tecnificación y tecnología, entre otras cosas.

En octubre de 2015 se generó en el ámbito de Naciones Unidas la Agenda 2030, que aborda las causas fundamentales de la pobreza y la necesidad universal de un modelo de desarrollo sostenible para las generaciones próximas. Surgen de allí 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con 169 metas, siendo la meta 12.3 la referida a la reducción de pérdidas y desperdicios de alimentos. En Argentina, el Programa de Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos se encuentra a cargo de la Dirección Nacional de Alimentos y Bebidas del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. 

Desperdicio de alimentos imagen ilustrativaAsí como la pérdida y desperdicio tiene tres dimensiones de impacto (sociales, ambientales y económicos), su reducción implica un “triple triunfo”: las reducciones ahorran dinero para los agricultores, las empresas y los hogares. Perder menos significa alimentar más. Y las reducciones alivian la presión sobre el clima, el agua y los recursos de la tierra.

Cuando se busca mitigar la PDA el primer objetivo es la prevención, la reducción en la fuente. Si esto no fuera posible, algunos destinos para la disposición final de los alimentos perdidos o desperdiciados conllevan menores efectos negativos que otros: por ejemplo, es preferible que algunos desechos alimentarios se destinen a la producción de pienso antes que finalicen en el relleno sanitario.  La FAO en 2014 estableció una pirámide de jerarquía para minimizar la pérdida y desperdicio de alimentos, en donde la reutilización es una de las instancias. 

Al respecto, el tradicional “reuso” en la industria se ha visto reforzado durante estos últimos años con muchas iniciativas en la bioindustria, a través de la generación de biomateriales y bioenergías. Algunos ejemplos desarrollados o en desarrollo, entre otras: biomaterial que utiliza desechos de la industria yerbatera, plantas de biogás a partir de la fermentación natural de producción de semillas de maíz, generación de bioplásticos. Los residuos alimentarios suelen ser muy ricos en sustancias no aprovechadas, y sin embargo siguen teniendo un valor muy importante en otros sectores. Es posible generar renta a partir de ellos, y transformar en un beneficio lo que inicialmente representaba un problema. 

Argentina y la región latinoamericana en general tiene un enorme potencial al respecto, en base a su capacidad de producción de alimentos altamente competitiva que permiten nuevos agregados de valor, integrándola con la producción industrial de bioproductos.